El Estado mexicano surge de una Revolución, y como tal, su creación, sentido y existencia se decidió en la interpretación de ese acontecimiento. Tanto el Estado y la nación mexicanos se instauraron concibiéndolos desde diferentes ideologías e intereses como el proyecto surgido de esa revolución. En este espacio registraremos la investigacion de esas diversas perspectivas ideológicas, culturales e imaginarias.

lunes, 28 de octubre de 2013

Siqueiros y la ilusión revolucionaria

Agustín Sánchez Valdez

“En el principio era la acción”.
(Fausto)

1. Siqueiros y el poder subversivo de la imagen

La obra de Siqueiros, vista desde una perspectiva general, representa una radical transformación en la plástica mexicana, tanto como “una gran aportación para la plástica universal”. Sin embargo, a este primer vistazo, convendría sumar las repercusiones políticas y sociales (culturales) que el discurso (plástico, escrito u oral) de tan caro artista tuvo en la situación mexicana del siglo XX. Como resultado de la anterior operación, tendríamos que los alcances transformadores de tal obra, se emplazan más allá de la esfera de la práctica artística para repercutir en el ámbito social; no sólo la práctica plástica misma se ve transformada, sino que su expresión, a su vez, transforma el medio social en el que se inserta y del cual parte. Siqueiros parece fundir en su obra lo objetivo y lo subjetivo del mundo que él habita y contra el cual, de hecho, ha combatido; su circunstancia histórica, el nivel de desarrollo alcanzado por la sociedad, así como los crueles apellidos de tal desarrollo, se expresan en su obra de forma técnica e ideológica. Teoría y práctica se dan cita en Siqueiros abrazadas en extraña danza; exponen ante el espectador multitudinario las fisuras de ese mundo cruel, amenazante, rondado por los mismos fantasmas, agobiado por las mismas enfermedades, y logran esta exposición a partir de los avances de la técnica, de la “mecánica moderna”, a partir de las bondades del progreso tecnológico. Siqueiros, mediante la modernización en los procesos productivos, y la representación de las contradicciones sociales, ha sido capaz de llevar al espectador frente a su desolador reflejo, lo ha hecho partícipe en la composición de un drama plástico en el que asiste a la expresión dinámica de su propia aniquilación.

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Para explicarnos el papel que nuestro artista encarnó (y aún encarna) en el drama social mexicano, recurrimos a su obra y la observamos, enclavada en su contexto, desde el materialismo histórico, teoría de la cual el mismo Siqueiros abrevó para la construcción de su práctica. En este sentido, encontramos en la praxis de Siqueiros un modelo para comprehender “la función” que “el intelectual” desempeña dentro de una situación social dada. Debemos señalar que al decir “función” vamos más allá de la noción práctico-utilitaria del término; pensamos en el valor producido por el intelectual, y en la manera en que este valor se articula en su sociedad. Pero ¿Quién es “el intelectual”? ¿Cuál es la materia de su trabajo? ¿En qué consiste su trabajo?



El intelectual en el microcosmos

Liliana López Levi

Me parece pertinente reflexionar sobre la construcción de la identidad en el microcosmos, en el ámbito local, ya que por su tamaño permite observar las dinámicas de construcción de la identidad e interpretación de la historia en un espacio más acotado.

El caso del pueblo/ciudad de Huamantla hace patente la simplificación que suele hacer la historia oficial sobre el pasado y sus personajes, a quienes se tiende a considerar en forma maniqueísta. El asunto va más allá de meter en el mismo saco a quienes en su momento resultaron enemigos; el discurso institucionalizado de la memoria no reconoce la multidimensionalidad de los sucesos, los diversos enfoques que los atraviesan, las ideologías y tampoco las implicaciones espaciales en los sucesos. El que fuera héroe para la capital del país, no necesariamente benefició a las provincias y el que siguió los intereses de los liberales opacó a los conservadores. Desde el punto de vista ideológico, social y territorial, para ganar unos, tienen que perder otros. Con ello es difícil sostener la posibilidad de una identidad común.

Desde el proyecto nacionalista mexicano, hasta el neoliberalismo que delinea las políticas públicas de la actualidad, la identidad en Huamantla, Tlaxcala, se produce y reproduce a partir de una serie de imaginarios, donde quedan reflejados los valores, las creencias, las prácticas religiosas, la historia local y del lugar que ocupa la ciudad con referencia al centro del país.


Por medio de la figura del intelectual en el microcosmos, el presente trabajo busca reflexionar sobre el papel que tienen ciertos personajes claves desde el punto de vista cultural en la producción, reproducción y transformación de la identidad local. En particular, se aborda el caso del cronista oficial, uno de los hombres más reconocidos por la comunidad local y cuyo discurso se ve reproducido por otras instancias de la identidad y la memoria. El texto se desarrolla en tres partes. La primera aborda los marcos socio-territoriales de la memoria y el papel del intelectual orgánico; la segunda hará una breve descripción sobre la identidad de Huamantla y los símbolos mediante los cuales se reproduce y en la tercera parte se habla del caso del cronista de la ciudad.

Promocional de la fiesta anual del pueblo de Huamantla, conocida 
a nivel internacional como "La noche que nadie duerme."

sábado, 31 de agosto de 2013

ANTONIO GRAMSCI: EL ESTADO Y EL INTELECTUAL ORGÁNICO

Diana Fuentes
                                                                          
I

El intelectual orgánico

La función del intelectual en el marco de los Estados nacionales fue estudiada por Antonio Gramsci en la década de los años veinte. Concentrado en la comprensión del papel que desempeñan en la vida social, discute su funcionalidad en la dirección política y cultural sobre las grandes masas; analiza su hegemonía. La hegemonía no se restringe al dominio coercitivo, es decir, a la fuerza del Estado, sino que considera también el consenso; lo que implica que para el dominio social se utiliza no sólo la fuerza física, la manipulación o el engaño que permiten conquistar y mantener el poder estatal, sino que además se obtiene el asentimiento o la aquiescencia del dominado. 

El poder “político” –o coercitivo– es insuficiente para la consolidación de las relaciones políticas del Estado en la fase en la que éste funciona como organismo de un grupo para el que crea las condiciones más favorables de expansión. Momento en el que un grupo con pretensiones de dirección debe generar valores e intereses tan amplios como para atraer el apoyo de otros grupos y con ello obtener consensos que garanticen su permanencia. En otras palabras, debe generar formas culturales, morales, intelectuales e ideológicas que garanticen su papel hegemónico; sólo la generación y construcción del consenso a través de estos constructos garantiza–en tanto que actividad hegemónica–, piensa Antonio Gramsci, una congruencia entre intereses económicos e implantación generalizada de un modo de vida.



lunes, 8 de abril de 2013

Trotsky, Breton y Rivera; cuando la revolución y el arte confluyen. Muralismo, Surrealismo y revolución.

David Rodrigo García

Elementos generales de la interpretación marxista de Trotsky sobre el arte y la cultura.
Una aproximación desde el marxismo al concepto de cultura
La producción y reproducción de la sociedad humana, que transforma a la naturaleza, crea cultura. Bolívar Echeverría señaló que la cultura es el resultado de un proceso dialéctico entre lo social humano y lo natural[1].  León Trotsky nos ofrece una definición que coincide con esta perspectiva de raigambre marxista:

Cultura es todo lo que ha sido creado, construido, aprendido, conquistado por el hombre en el curso de su Historia, a diferencia de lo que ha recibido de la Naturaleza, incluyendo la propia historia natural del hombre como especie animal. La ciencia que   estudia al hombre como producto de la evolución animal se llama antropología(…) Cuando hablamos de la cultura acumulada por las generaciones pasadas pensamos fundamentalmente en sus logros materiales, en la forma de los instrumentos, en la maquinaria, en los edificios, en los monumentos... ¿Es esto cultura? Desde luego son las formas materiales en las que se ha ido depositando la cultura -cultura material-. Ella es la que crea, sobre las bases proporcionadas por la Naturaleza, el marco fundamental de nuestras vidas, nuestra vida cotidiana, nuestro trabajo creativo. Pero la parte más preciosa de la cultura es la que se deposita en la propia conciencia humana, los métodos, costumbres, habilidades adquiridas y desarrolladas a partir de la cultura material preexistente y que, a la vez que son resultado suyo, la enriquecen[2].

La cultura consiste, según Trotsky, en la objetivación de las relaciones sociales (objetivación que se expresa de infinitas forma y contenidos: herramientas, vivienda, vestido, comida, sexo, artesanías, rituales, música, fiestas, formas de pensar, formas concretas de subjetividad, mitos, etc.) y el reflejo dialéctico de este proceso en la subjetividad. La transformación cultural de la naturaleza (que se diferencia de la transformación instintiva de los topos) crea cultura material, y una cultura espiritual como su expresión social subjetiva, la transformación social de la naturaleza crea un medio social que subsume a la naturaleza y crea una realidad con una dinámica y leyes propias, ésta nueva realidad social no está determinada por las leyes biológicas o puramente naturales.